Zoológico Miguel Álvarez del Toro (ZOOMAT)

Hace algunos días tuve la oportunidad de visitar uno de los zoológicos más originales y llenos de vida de toda América Latina; el zoológico Miguel Álvarez del Toro (ZOOMAT). Esta belleza natural se encuentra a escasos 15 minutos del centro de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, encallado en un área protegida llamada El Zapotal.

Mi aventura inició desde la entrada misma; la bienvenida me la dieron cuatro túneles por los que atraviesa una pequeña corriente de agua, en la que viven peces y tortugas, mismos que hacen de puerta de acceso a la diversión y disfrute de la impresionante vegetación y animales de la región.

La primera actividad se encuentra incluso antes de llegar a la taquilla. Se trata de varios puentes colgantes hechos de madera y cuerda, sostenidos en lo alto de los árboles. Es una osadía que es imposible de perderse, por lo que sin dudar pagué $10.00 pesos, los cuales me dieron acceso a tan inigualable sensación de miedo a caminar por la cuerda floja de altura.

El acceso al zoológico es de $20.00 pesos; considero una de las mejores inversiones, ya que gracias a la experiencia antes vivida, la adrenalina no había abandonado mi cuerpo, encontrándome deseoso de fungir como explorador.

Hay que reconocer la creatividad que tuvo la administración del zoológico de pintar unas huellas de color amarillo sobre el piso, éstas indican a los caminantes la ruta a seguir del recorrido; señalamiento divertido que es común ver a los niños intentar pisarlas fielmente.

Siguiendo el camino amarillo, me llevó al Museo cocodrilo, un espacio dedicado a la conservación de este poderoso lagarto, en el que pude conocer de manera didáctica la información de este coloso. Lo que me sorprendió más, fue el espacio abierto en el que hay un estanque con cocodrilos vivos que pueden contemplarse a un par de metros; que a pesar de estar seguro detrás de un muro, pude sentir desasosiego de lo imponente que es.

El herpetario, es un espacio dedicado a los siempre temibles reptiles y a los anfibios, los cuales están contenidos en terrarios que me permitieron admirarlos en todo su esplendor. Serpientes venenosas y no venenosas dan vida a este espacio que me guardaba otra sorpresa, las tortugas. El lugar tiene un espacio dedicado a esta tranquila y antigua especie, la más interesante, la tortuga de 3 lomos; que tiene un caparazón irregular, un cuerpo muy ancho y patas con grandes garras.

En medio de enormes árboles que ofrecen una esplendorosa sombra, me encontré con el primero de los espacios dedicados a descansar (al cual le di gracias en silencio). Esta divertida área está pensada para que los visitantes puedan tener un espacio para un picnic, ya que cuenta con mesas y bancas de cemento. Obvio, no dejé pasar la oportunidad, y aunque no llevaba ningún alimento sentí alivio al encontrar una pequeña tienda en la cual pude comprar un jugo y una torta.

Algo simpático que aprecié en mi receso, fue ver que hay por doquier visitantes llamados Guaqueques, es un pequeño mamífero con pequeñas orejas redondas y de largas patas delgadas que se encuentra en libertad y que se pasea sin temor alguno por esta zona, en busca de algún pedazo de alimento que le den los visitantes; también hicieron acto de presencia las chachalacas. Es increíble ver que tan acostumbrados están estos animalitos a la presencia de los humanos que difícilmente se asustan.

A lo lejos se escuchaba lo que sería mi siguiente parada. Un conjunto de varias jaulas con diferentes especies de cotorras y loros. El escándalo que hacen es igual de enorme que su belleza.

Por primera vez, temí seguir el camino amarillo, ya que este me llevó al Insectario. Admito que me puso nervioso ya que desde niño he sentido gran temor por las arañas de cualquier especie, grandes o pequeñas no me importa, el miedo es el mismo; con el poco valor que me quedaba aligeré mi caminar, viendo de reojo a grandes arañas, escorpiones y demás bichos con aspecto digno de película de terror.

La jaula de los monos arañas relajó mi tensión, ya que a simple vista se ven juguetones, bromistas e inquietos, demostrando una agilidad en todo lo que hacen e incluso para saltar entre árboles, haciendo ver esta hazaña como algo simple de hacer; definitivamente no se ven tan peligrosos como una araña aunque en su nombre lleven la misma palabra.

Ya más relajado llegué a un enorme aviario, en el que se pueden apreciar a más de 30 especies de aves silvestres, canoras y plantas de ornato del estado de Chiapas sin mallas ni cristales de por medio, además de una gran colección de huevos y plumas de diferentes especies.

Uno de los momentos más álgidos fue mi visita a la casa nocturna. Un espectacular espacio acondicionado de manera especial en el que no entra la luz solar, el cual simula un ambiente que permite contemplar a los mamíferos en su hábitat nocturno. Ya que estos animalitos duermen de día; Siguiendo con las indicaciones de un letrero que dice: “Espera unos segundos hasta que tus pupilas se adapten a la oscuridad”, me sentí otra vez como un niño. El silencio, la oscuridad y los animales como: zorrillos, murciélagos, armadillos y tlacuaches hacen de este espacio algo mágico.

Al salir de la casa nocturna me encontré con un choque de realidad, además de la luz del sol en todo su esplendor, el recorrido cambió de manera significativa, todo a partir de ese momento es cuesta arriba. Ahora sí, me dije, a poner a prueba todas las horas de cardio invertidas en el gimnasio. Y aunque el paseo se vuelve más físico por los senderos ascendentes, verdaderamente es un esfuerzo que bien vale la pena.

Una majestuosa guacamaya roja me hizo recordar, a los antiguos jefes prehispánicos ataviados con hermosas plumas sobre sus cabezas. El quetzal fue otra de las grandes revelaciones de este zoológico, un ave mágica tan característica y venerada desde hace siglos en esta parte de México. El águila arpía, el águila cola blanca, el zopilote rey, la lechuza y otras aves majestuosas pude apreciar mientras el sudor comenzaba humedecer mi ropa. La experiencia y la caminata en verdad valieron la pena.

Encontré cercos simulando el habitad natural de animales como: el tierno venado cola blanca que me hizo recordar la película Bambi, la divertida nutria con toda su energía que hasta parece que tuviera una sobredosis de chocolate, el jabalí, el tapir, el cauteloso coyote, las siempre apacibles iguanas gigantes, hasta los siempre temibles felinos.

Dentro de los felinos más temidos que habitan el ZOOMAT, como lo es el leoncillo o el puma, el que más impresiona de todos por su enorme tamaño y aspecto es el emblemático jaguar. Mismo que por un momento me hizo sentir frustración al no poder encontrarlo, pero dicen que la esperanza muere al último, después de varios minutos de búsqueda, logré ver lo imponente que es, haciendo honor, a ser el felino más grande de América y el tercero en el mundo sólo después del tigre y el león.

Es también de agradecer al ZOOMAT que haya puesto un área gourmet en la cima, ya que es un pretexto para sentarse y que los compañeros de recorrido no pudieran notar mi falta de condición física.

Sin duda alguna, fue una experiencia única, en el que se aprende y conoce más de nuestra madre naturaleza y de sus habitantes salvajes. Por algo este zoológico es considerado único en su especie en toda América Latina.

Sobre Manolo Uribe

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